"Pero, ¿qué es la violencia? La Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como el uso
intencional de la fuerza o el poder físico (de hecho o como amenaza)
contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga
muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos,
trastornos del desarrollo o privaciones. Desde la perspectiva de la
educación para la paz, la violencia es “todo aquello que impide a las
personas autorrealizarse como seres humanos, satisfacer sus necesidades
básicas, sus intereses. La violencia es lo que impide u obstruye el
desarrollo, la democracia y la vigencia de los derechos humanos”
CDHDF
viernes, 6 de febrero de 2015
sábado, 27 de diciembre de 2014
http://www.notiese.org/notiese.php?ctn_id=7852
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jueves, 18 de diciembre de 2014
viernes, 21 de noviembre de 2014
DE UNA MAESTRA A LOS PADRES DE FAMILIA
Hace unos días llegó a mis manos este artículo, escrito por Amy Murray, la directora de educación infantil en la Calgary French & International School en Canada. Me tocó muy de cerca. Ese niño, el que pega, el que interrumpe, el que molesta… es, muchas veces, alguno de mis hijos. Ojalá sus maestros hubieran tenido la mirada de la maestra que escribió esta carta.

Queridos padres:
Lo sé. Estáis preocupados. Cada día, vuestro hijo llega con una historia sobre ESE niño. El que está siempre golpeando, empujando, pellizcando, molestando, quizás incluso mordiendo a otros niños. El que siempre va de mi mano en la fila. El que tiene un lugar especial en la alfombra, y a veces se sienta en una silla en vez de en el suelo. El que tuvo que dejar de jugar con bloques porque los bloques no son para lanzar. El que se subió a la valla del patio en el momento exacto en el que yo le decía que parara. El que tiró la leche de su compañero al suelo en un arranque de rabia. A propósito. Mientras yo le miraba. Y luego, cuando le pedí que lo limpiara, vació la caja de pañuelos ENTERA. A propósito. Mientras yo le miraba. El que soltó la más terrible palabrota en la clase de gimnasia.
Os preocupa que ESE niño desmerezca el aprendizaje de vuestro hijo. Os preocupa que absorba mucho de mi tiempo y energía, y que vuestro hijo salga perdiendo. Os preocupa que algún día le haga daño a alguien. Os preocupa que este “alguien” pudiera ser vuestro hijo. Os preocupa que vuestro hijo empiece a usar la agresión para conseguir lo que quiere. Os preocupa que vuestro hijo empeore sus resultados porque quizás yo no me dé cuenta de que le cuesta sujetar el lápiz. Lo sé.
Vuestro hijo, este año, en esta clase, a su edad, no es ESE chico. Vuestro hijo no es perfecto pero suele seguir las reglas. Es capaz de compartir los juguetes sin pelear. No lanza muebles. Levanta la mano para hablar. Trabaja cuando es la hora de trabajar y juega cuando es la hora de jugar. Se puede confiar en que vaya directamente al baño y regrese sin engaños. Cree que las peores palabrotas son “estúpido” y “tonto”. Lo sé.
Fijaos, me preocupo todo el tiempo. Sobre TODOS ellos. Me preocupo por las dificultades de vuestro hijo con el lápiz, por cómo lee las letras otro, por la timidez de esa chiquitina, y porque hay otro que lleva siempre la caja del desayuno vacía. Me preocupa que la chaqueta de Gavin no abrigue lo suficiente, y porque el padre de Talitha le grita por dibujar la B del revés. La mayoría de mis desplazamientos en coche y duchas las dedico a estas preocupaciones.
Pero, lo sé, quereis hablar sobre ESE niño. Porque la B invertida de Talitha no le va a poner un ojo morado a vuestro hijo.
Yo también quiero hablar de ESE niño, pero hay muchas cosas que no puedo contaros.
No puedo contaros que le adoptaron en un orfanato a los 18 meses.
No os puede decir que está haciendo una dieta para descartar alergias alimentarias, y que tiene hambre TODO EL TIEMPO.
No os puedo contar que sus padres están en medio de un horrendo divorcio, y que está viviendo con su abuela.
No puedo contaros que empieza a preocuparme que la abuela beba…
No te puedo contar que la medicación para el asma le agita.
No puedo contaros que su madre es monoparental, y por esto entra en el colegio cuando abre la acogida matinal y se queda hasta la acogida vespertina, y después el viaje hasta casa les lleva 40 minutos y por esto duerme menos que muchos adultos.
No puedo contaros que ha sido testigo de violencia doméstica.
De acuerdo, decís, entendeis que no puedo compartir información personal o familiar. Sólo queréis saber qué estoy HACIENDO al respecto de su comportamiento.
Me encantaría decíroslo. Pero no puedo.
No puedo contaros que va a logopedia, que han descubierto un retraso severo del lenguaje y que los terapeutas piensan que las agresiones tienen que ver con la frustración por no ser capaz de comunicarse.
No puedo contaros que me veo con sus padres CADA semana, y que ambos habitualmente lloran en estas reuniones.
No puedo contaros que el niño y yo tenemos una señal secreta con las manos para que me diga cuando necesita sentarse solo un rato.
No puedo deciros que pasa el descanso acurrucado en mi regazo porque “me hace sentir mejor oír tu corazón, señu”.
No puedo contaros que he estado rastreando meticulosamente sus incidentes agresivos durante 3 meses, y que se han reducido de 5 incidentes al día, a 5 por semana.
No puedo contaros que la secretaria del colegio ha aceptado que le mande a su despacho a “ayudarla” cuando me doy cuenta de que necesita un cambio de escenario.
No puedo contaros que me he puesto de pie en una reunión de docentes y que, con lágrimas en mis ojos, les he ROGADO a mis compañeros que le echen un vistazo extra, que sean amables aunque se sientan frustrados de que haya vuelto a pinchar a alguien, y esta vez, JUSTO DELANTE DE UN PROFESOR.
El asunto es que hay TANTAS COSAS que no puedo contaros sobre ESE niño. Ni siquiera lo bueno.
No puedo contaros que su trabajo en el aula es regar las plantas y que lloró con el corazón roto cuando una de las plantas no sobrevivió a las vacaciones de Navidad.
No puedo contaros que despide a su hermanita con un beso cada mañana, y le susurra “eres la luz de mi vida”, antes de que mamá se aleje con el carrito.
No puedo contaros que sabe más sobre tormentas que muchos meteorólogos.
No puedo contaros que a menudo se ofrece para sacar punta a los lápices durante el recreo.
No puedo contaros que estruja al pelo de su mejor amiga en el descanso.
No puedo contaros que, cuando algún compañero llora, cruza el aula para ir a buscar su cuento favorito desde el rincón de las historias.
El asunto es, queridos padres, que solo puedo hablaros de VUESTRO hijo. Así, lo que os puedo decir es esto:
Si nunca, en cualquier momento, VUESTRO hijo se convierte en ESE niño…
No compartiré vuestros asuntos personales con otros padres de la clase.
Me comunicaré con vosotros con frecuencia, y con amabilidad.
Me aseguraré de que haya pañuelos cerca en nuestras reuniones, y si me dejais, os sujetaré la mano mientras lloráis.
Defenderé que vuestro hijo y vuestra familia reciban los servicios especializados de mayor calidad, y cooperaré con estos profesionales en la mayor medida posible.
Me aseguraré de que vuestro hijo reciba amor y mimos extras cuando más lo necesite.
Seré la voz de vuestro hijo en la comunidad escolar.
Seguiré, pase lo que pase, buscando y descubriendo, todas las cosas buenas, asombrosas, especiales y maravillosas de vuestro hijo.
Os recordaré a él y a VOSOTROS de estas cosas buenas asombrosas especiales maravillosas, una y otra vez.
Y cuando otro padre se acerque, con quejas sobre VUESTRO hijo…
Le contaré esto, una y otra vez.
Con mucho cariño,
La maestra.
Hace unos días llegó a mis manos este artículo, escrito por Amy Murray, la directora de educación infantil en la Calgary French & International School en Canada. Me tocó muy de cerca. Ese niño, el que pega, el que interrumpe, el que molesta… es, muchas veces, alguno de mis hijos. Ojalá sus maestros hubieran tenido la mirada de la maestra que escribió esta carta.

Queridos padres:
Lo sé. Estáis preocupados. Cada día, vuestro hijo llega con una historia sobre ESE niño. El que está siempre golpeando, empujando, pellizcando, molestando, quizás incluso mordiendo a otros niños. El que siempre va de mi mano en la fila. El que tiene un lugar especial en la alfombra, y a veces se sienta en una silla en vez de en el suelo. El que tuvo que dejar de jugar con bloques porque los bloques no son para lanzar. El que se subió a la valla del patio en el momento exacto en el que yo le decía que parara. El que tiró la leche de su compañero al suelo en un arranque de rabia. A propósito. Mientras yo le miraba. Y luego, cuando le pedí que lo limpiara, vació la caja de pañuelos ENTERA. A propósito. Mientras yo le miraba. El que soltó la más terrible palabrota en la clase de gimnasia.
Os preocupa que ESE niño desmerezca el aprendizaje de vuestro hijo. Os preocupa que absorba mucho de mi tiempo y energía, y que vuestro hijo salga perdiendo. Os preocupa que algún día le haga daño a alguien. Os preocupa que este “alguien” pudiera ser vuestro hijo. Os preocupa que vuestro hijo empiece a usar la agresión para conseguir lo que quiere. Os preocupa que vuestro hijo empeore sus resultados porque quizás yo no me dé cuenta de que le cuesta sujetar el lápiz. Lo sé.
Vuestro hijo, este año, en esta clase, a su edad, no es ESE chico. Vuestro hijo no es perfecto pero suele seguir las reglas. Es capaz de compartir los juguetes sin pelear. No lanza muebles. Levanta la mano para hablar. Trabaja cuando es la hora de trabajar y juega cuando es la hora de jugar. Se puede confiar en que vaya directamente al baño y regrese sin engaños. Cree que las peores palabrotas son “estúpido” y “tonto”. Lo sé.
Fijaos, me preocupo todo el tiempo. Sobre TODOS ellos. Me preocupo por las dificultades de vuestro hijo con el lápiz, por cómo lee las letras otro, por la timidez de esa chiquitina, y porque hay otro que lleva siempre la caja del desayuno vacía. Me preocupa que la chaqueta de Gavin no abrigue lo suficiente, y porque el padre de Talitha le grita por dibujar la B del revés. La mayoría de mis desplazamientos en coche y duchas las dedico a estas preocupaciones.
Pero, lo sé, quereis hablar sobre ESE niño. Porque la B invertida de Talitha no le va a poner un ojo morado a vuestro hijo.
Yo también quiero hablar de ESE niño, pero hay muchas cosas que no puedo contaros.
No puedo contaros que le adoptaron en un orfanato a los 18 meses.
No os puede decir que está haciendo una dieta para descartar alergias alimentarias, y que tiene hambre TODO EL TIEMPO.
No os puedo contar que sus padres están en medio de un horrendo divorcio, y que está viviendo con su abuela.
No puedo contaros que empieza a preocuparme que la abuela beba…
No te puedo contar que la medicación para el asma le agita.
No puedo contaros que su madre es monoparental, y por esto entra en el colegio cuando abre la acogida matinal y se queda hasta la acogida vespertina, y después el viaje hasta casa les lleva 40 minutos y por esto duerme menos que muchos adultos.
No puedo contaros que ha sido testigo de violencia doméstica.
De acuerdo, decís, entendeis que no puedo compartir información personal o familiar. Sólo queréis saber qué estoy HACIENDO al respecto de su comportamiento.
Me encantaría decíroslo. Pero no puedo.
No puedo contaros que va a logopedia, que han descubierto un retraso severo del lenguaje y que los terapeutas piensan que las agresiones tienen que ver con la frustración por no ser capaz de comunicarse.
No puedo contaros que me veo con sus padres CADA semana, y que ambos habitualmente lloran en estas reuniones.
No puedo contaros que el niño y yo tenemos una señal secreta con las manos para que me diga cuando necesita sentarse solo un rato.
No puedo deciros que pasa el descanso acurrucado en mi regazo porque “me hace sentir mejor oír tu corazón, señu”.
No puedo contaros que he estado rastreando meticulosamente sus incidentes agresivos durante 3 meses, y que se han reducido de 5 incidentes al día, a 5 por semana.
No puedo contaros que la secretaria del colegio ha aceptado que le mande a su despacho a “ayudarla” cuando me doy cuenta de que necesita un cambio de escenario.
No puedo contaros que me he puesto de pie en una reunión de docentes y que, con lágrimas en mis ojos, les he ROGADO a mis compañeros que le echen un vistazo extra, que sean amables aunque se sientan frustrados de que haya vuelto a pinchar a alguien, y esta vez, JUSTO DELANTE DE UN PROFESOR.
El asunto es que hay TANTAS COSAS que no puedo contaros sobre ESE niño. Ni siquiera lo bueno.
No puedo contaros que su trabajo en el aula es regar las plantas y que lloró con el corazón roto cuando una de las plantas no sobrevivió a las vacaciones de Navidad.
No puedo contaros que despide a su hermanita con un beso cada mañana, y le susurra “eres la luz de mi vida”, antes de que mamá se aleje con el carrito.
No puedo contaros que sabe más sobre tormentas que muchos meteorólogos.
No puedo contaros que a menudo se ofrece para sacar punta a los lápices durante el recreo.
No puedo contaros que estruja al pelo de su mejor amiga en el descanso.
No puedo contaros que, cuando algún compañero llora, cruza el aula para ir a buscar su cuento favorito desde el rincón de las historias.
El asunto es, queridos padres, que solo puedo hablaros de VUESTRO hijo. Así, lo que os puedo decir es esto:
Si nunca, en cualquier momento, VUESTRO hijo se convierte en ESE niño…
No compartiré vuestros asuntos personales con otros padres de la clase.
Me comunicaré con vosotros con frecuencia, y con amabilidad.
Me aseguraré de que haya pañuelos cerca en nuestras reuniones, y si me dejais, os sujetaré la mano mientras lloráis.
Defenderé que vuestro hijo y vuestra familia reciban los servicios especializados de mayor calidad, y cooperaré con estos profesionales en la mayor medida posible.
Me aseguraré de que vuestro hijo reciba amor y mimos extras cuando más lo necesite.
Seré la voz de vuestro hijo en la comunidad escolar.
Seguiré, pase lo que pase, buscando y descubriendo, todas las cosas buenas, asombrosas, especiales y maravillosas de vuestro hijo.
Os recordaré a él y a VOSOTROS de estas cosas buenas asombrosas especiales maravillosas, una y otra vez.
Y cuando otro padre se acerque, con quejas sobre VUESTRO hijo…
Le contaré esto, una y otra vez.
Con mucho cariño,
La maestra.
http://www.elmundo.es/espana/2014/11/20/546d11cd268e3ea70c8b4579.html
EL MUNDO
EDUCACIÓN
Repuntan los conflictos en el aula
La violencia escolar empieza antes
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Profesores y directores coinciden en que cada vez se da más en Infantil y Primaria
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Consideran que los padres cada vez cuestionan más el trabajo de los docentes
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Hay 'profesores plastilina' que, ante el poco respaldo recibido, 'miran hacia otro lado'
Dibujo realizado por Cristina Pujol Fuertes (12 años) durante su visita al diario EL MUNDO.
Raúl (nombre ficticio) no soporta que nadie le
corrija. Tiene ocho años y a veces araña y muerde a otros niños de su
clase. Un día, la profesora le hizo notar que había coloreado el dibujo
fuera de donde marcaba la línea. Raúl se levantó, se puso a gritar y
empezó a dar patadas a la maestra, que tuvo que sujetarle para que la
cosa no fuera a más. Al día siguiente, los padres de Raúl acudieron al
colegio. Dijeron que iban a denunciar a la educadora por lesiones.
Casos como éste se acumulan en la oficina del Defensor del Profesor, que ayer publicó un informe anual en el que se advierten dos nuevos fenómenos. Por un lado, los padres cada vez protagonizan más las agresiones. Por otro, la violencia escolar se está produciendo en edades más tempranas.
Entre las llamadas de auxilio que los docentes realizaron en el curso 2013/2014 al servicio de orientación jurídica y psicológica que presta el sindicato de profesores Anpe, aparece un crío, también de Primaria, que la emprendió a empujones contra un amigo porque el balón no entró en la portería. Otro utilizó un punzón.
"En Infantil se da bastante el niño que está acostumbrado a que sus padres no le nieguen nada. Pero también hay chicos con problemas psicológicos añadidos y las familias no quieren que se les diagnostique. Por eso denuncian al docente", explica Inmaculada Suárez, defensora del Profesor. Por primera vez desde que, en 2005, se creó este organismo, las denuncias de casos en Primaria (el 40% de las 3.345 recibidas el año pasado) superan a las de Secundaria.
Según Nicolás Fernández, presidente de Anpe, los recortes educativos "han tenido una incidencia negativa en el incremento de algunos conflictos y han estancado los avances en la convivencia de las aulas". Los docentes coinciden en que es mucho más difícil "mantener la disciplina" si se incrementa la ratio de alumnos por aula; se rebaja el número de profesores; se reducen los programas de apoyo y compensación; se dejan de cubrir las bajas laborales en los 10 primeros días y, encima, las familias pagan con el maestro el hecho de que les hayan quitado las ayudas a los libros o al comedor.
Pero hay más causas detrás de estos conflictos. El informe indica también que en los últimos años se ha producido una "relajación en el cumplimiento de los decretos de convivencia" por parte de directores e incluso de docentes. Suárez habla de profesores plastilina, que, ante el poco respaldo que reciben de los equipos directivos, de la administración y de los padres, "se adaptan a las circunstancias y miran hacia otro lado".
"Cuando hay que sancionar a un alumno nos cortamos demasiado", admite Dolores Agenjo, directora del Instituto Pedraforca de Hospitalet (Barcelona). Desde el conocimiento que le dan sus 35 años de experiencia, opina que "la ley debería ser más rígida y las sanciones, más duras".
"A veces, es más problemática la relación con los padres que la relación con los alumnos. Hay un importante cambio respecto a esto. Antes, los progenitores tenían una gran consideración al profesor y ahora crean grupos de WhatsApp en los que se dedican a poner en duda todo lo que él hace. Esto termina calando en los alumnos", opina Joaquín Egea, director desde 1991 del colegio concertado Buen Pastor de Sevilla, que añade que "a los padres les cuesta mucho reprender a sus hijos".
Dolores Agenjo cree que si la violencia escolar cada vez empieza a edades más tempranas, es porque "están criados en una sociedad muy permisiva y acostumbrados a que les den todo lo que piden".
"Y también es por la influencia de los medios de comunicación. Niños de seis años nos cuentan que ven programas donde la gente se grita. Los padres están trabajando y muchas veces a estos niños les cuidan los abuelos o sus hermanos mayores, que les ponen la televisión", añade Asunción Gallardo, directora del colegio público de Primaria Gabriel Vallseca, situado en Son Gotleu, una de las barriadas más deprimidas de Palma de Mallorca.
Virginia Santana, jefa de estudios del colegio público de Primaria Tinguaro de Vecindario (Gran Canaria), cuenta cómo en su centro se han metido en el bolsillo a padres y alumnos: "Veíamos que, si regañábamos a los alumnos, los padres se ponían de parte de ellos. Hemos creado una escuela de padres y ahora el problema está remitiendo. Hay que saber relacionarse con los padres y darles expectativas positivas a los niños. A uno de los más agresivos le nombré encargado de encender la pizarra digital y de enchufar el ordenador. Al darle esa confianza, le impliqué". Y el crío no volvió a liarla en clase.
Casos como éste se acumulan en la oficina del Defensor del Profesor, que ayer publicó un informe anual en el que se advierten dos nuevos fenómenos. Por un lado, los padres cada vez protagonizan más las agresiones. Por otro, la violencia escolar se está produciendo en edades más tempranas.
Entre las llamadas de auxilio que los docentes realizaron en el curso 2013/2014 al servicio de orientación jurídica y psicológica que presta el sindicato de profesores Anpe, aparece un crío, también de Primaria, que la emprendió a empujones contra un amigo porque el balón no entró en la portería. Otro utilizó un punzón.
"En Infantil se da bastante el niño que está acostumbrado a que sus padres no le nieguen nada. Pero también hay chicos con problemas psicológicos añadidos y las familias no quieren que se les diagnostique. Por eso denuncian al docente", explica Inmaculada Suárez, defensora del Profesor. Por primera vez desde que, en 2005, se creó este organismo, las denuncias de casos en Primaria (el 40% de las 3.345 recibidas el año pasado) superan a las de Secundaria.
Cambio de tendencia
El fenómeno de la violencia escolar no es ni mucho menos generalizado, pero en el Defensor del Profesor están "preocupados" porque han detectado "un repunte" de la conflictividad en las aulas, después de unos años en los que el problema parecía haberse reducido. Ven un "cambio de tendencia" que achacan, en parte, al efecto de la crisis económica.Según Nicolás Fernández, presidente de Anpe, los recortes educativos "han tenido una incidencia negativa en el incremento de algunos conflictos y han estancado los avances en la convivencia de las aulas". Los docentes coinciden en que es mucho más difícil "mantener la disciplina" si se incrementa la ratio de alumnos por aula; se rebaja el número de profesores; se reducen los programas de apoyo y compensación; se dejan de cubrir las bajas laborales en los 10 primeros días y, encima, las familias pagan con el maestro el hecho de que les hayan quitado las ayudas a los libros o al comedor.
Pero hay más causas detrás de estos conflictos. El informe indica también que en los últimos años se ha producido una "relajación en el cumplimiento de los decretos de convivencia" por parte de directores e incluso de docentes. Suárez habla de profesores plastilina, que, ante el poco respaldo que reciben de los equipos directivos, de la administración y de los padres, "se adaptan a las circunstancias y miran hacia otro lado".
"Cuando hay que sancionar a un alumno nos cortamos demasiado", admite Dolores Agenjo, directora del Instituto Pedraforca de Hospitalet (Barcelona). Desde el conocimiento que le dan sus 35 años de experiencia, opina que "la ley debería ser más rígida y las sanciones, más duras".
Autoridad pública
La Lomce se ha estrenado este curso reconociendo al docente la figura de autoridad pública, como tienen los policías, pero todos los profesores y directores consultados por este periódico consideran que es papel mojado si no se concreta en un desarrollo normativo y si no se restaura el respeto perdido al profesor."A veces, es más problemática la relación con los padres que la relación con los alumnos. Hay un importante cambio respecto a esto. Antes, los progenitores tenían una gran consideración al profesor y ahora crean grupos de WhatsApp en los que se dedican a poner en duda todo lo que él hace. Esto termina calando en los alumnos", opina Joaquín Egea, director desde 1991 del colegio concertado Buen Pastor de Sevilla, que añade que "a los padres les cuesta mucho reprender a sus hijos".
Dolores Agenjo cree que si la violencia escolar cada vez empieza a edades más tempranas, es porque "están criados en una sociedad muy permisiva y acostumbrados a que les den todo lo que piden".
"Y también es por la influencia de los medios de comunicación. Niños de seis años nos cuentan que ven programas donde la gente se grita. Los padres están trabajando y muchas veces a estos niños les cuidan los abuelos o sus hermanos mayores, que les ponen la televisión", añade Asunción Gallardo, directora del colegio público de Primaria Gabriel Vallseca, situado en Son Gotleu, una de las barriadas más deprimidas de Palma de Mallorca.
Un síntoma
María del Carmen Carrón, profesora de Lengua en 1º y 2º de la ESO en el Instituto Humanejos de Parla (Madrid) considera, por su parte, que "la violencia puede ser un síntoma, un indicador de que le pasa algo, un grito en el cual los chicos indican que no están siendo educados". "A veces, que un chico tenga un arrebato es lo mejor que puede ocurrirnos. Tuve un alumno con una reacción agresiva. Le pregunté y me contó un problema que traía de casa. Ahora entiendo mejor a ese chico", explica.Virginia Santana, jefa de estudios del colegio público de Primaria Tinguaro de Vecindario (Gran Canaria), cuenta cómo en su centro se han metido en el bolsillo a padres y alumnos: "Veíamos que, si regañábamos a los alumnos, los padres se ponían de parte de ellos. Hemos creado una escuela de padres y ahora el problema está remitiendo. Hay que saber relacionarse con los padres y darles expectativas positivas a los niños. A uno de los más agresivos le nombré encargado de encender la pizarra digital y de enchufar el ordenador. Al darle esa confianza, le impliqué". Y el crío no volvió a liarla en clase.
jueves, 13 de noviembre de 2014
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SIN TE INTERESA, MÁNDAME UN MAIL. feijoo43@hotmail.com GRACIAS!
domingo, 9 de noviembre de 2014
BULLYING POR
HOMOFOBIA EN MEXICO. VIVENCIAS
Me vienen a la memoria varios acontecimientos que ilustran
lo que es el bullying por homofobia y algunas de sus causas y consecuencias. En
cierta ocasión estando a la espera de
iniciar mi taller, llegaron cuatro niños como de 7 a 8 años a quejarse con la
maestra que “Fulanito de tal” le estaba diciendo “niñita” a uno de ellos. La
maestra le dijo que luego atendería el problema, pero siguió platicando con sus
compañeras pues aún no eran las ocho, hora de inicio de clases. Me quedé
reflexionando dos cosas: 1°, la gran ofensa que significa para un varón que le
digan “niña” (lo que a mi entender demuestra la gran relación que existe entre
la misoginia y la homofobia), y 2°, la poca importancia que los docentes dan a
este tipo de bullying el cual, según lo expuesto en la Conferencia de Río de
Janeiro, Brasil en diciembre de 2011 (Primera Consulta Internacional sobre el
Bullying por Homofobia convocada por la UNESCO, y ante la cual tuve el honor de
ser la representante de México) es el peor de los tipos de agresión, por la
saña y el odio con que se manifiesta.
Hace cinco años que me dedico a dar talleres para madres,
padres y personal docente en las escuelas, sobre el bullying por homofobia.
Pertenezco a una Asociación Civil y en 2009, presentamos un proyecto bajo el
nombre de “Conocer y contrarrestar al bullying por homofobia en las escuelas”
ante la convocatoria del CENSIDA (Centro Nacional para la Prevención de sida).
Obtuvimos el apoyo financiero de esa institución y con ello realicé 6 talleres
en la zona de Xalapa, Veracruz, donde actualmente resido. Posteriormente lo
presente ante la Secretaría de Educación de Estado, y a la fecha he impartido aproximadamente 170
talleres en escuelas primarias y
secundarias oficiales de Veracruz.
Mi experiencia a lo largo de dichos talleres ha sido
múltiple y variada. Como se trata de hablar sobre el bullying por homofobia en
mi ponencia está incluido un capítulo referente a la diversidad sexual, y otro
a la relación de la religión con la discriminación.
Ambos temas han sido objeto de rechazo y polémica entre mis
oyentes, especialmente el de la religión. Algunos me han rebatido con
argumentos basados en la Biblia, otros,
simplemente, ponen caras de ofendidos o abandonan el salón de clase. Sin
embargo la gran mayoría me pone atención e incluso asienten con la cabeza.
Entre los docentes es evidente no sólo la falta de información en cuanto a la
diversidad sexual, sino un sentimiento
de impotencia y de no saber qué hacer cuando algún alumno ha sido
maltratado por razón de su orientación sexual. En general se nota gran interés
por este tema.
El papel de la familia en el bullying es primordial pues, a
mi entender, es en el seno de la misma, precisamente, donde se inician los
comportamientos de resentimiento y agresividad de los niños. De ahí que no sólo
hay que tomar medidas para educar a los niños, niñas y jóvenes en lo que es la
empatía, el respeto, la diversidad sexual, sino que hay que empezar por
reeducar a las familias inmediatas o
extensas.
“Descubrimos que la aceptación familiar
promueve el bienestar y ayuda a proteger a los jóvenes LGBT contra los riesgos.
También descubrimos que el rechazo familiar tiene un grave impacto en el riesgo de que un
joven homosexual o transgénero tenga
problemas de salud física y mental.” (Proyecto de Aceptación Familiar de la Dra.Caitlin Ryan de la
Universidad Estatal de San Francisco: http://familyproject.sfsu.edu/files/Spanish_Version_FINAL.pdf)
En 2008 México firmó la
Declaración Ministerial “Prevenir con Educación” (con los países de
América Latina) para impartir educación sexual en la escuelas pero no se ha
llevado a cabo en gran medida por la oposición de los mismos padres y de la
iglesia. Se necesitan cambios en el sistema educativo y en la mentalidad llena
de tabúes de la mayoría de la población. Afortunadamente, El 30 de septiembre,
las noticias anunciaron que ya está elaborada la ley sobre los derechos
sexuales y reproductivos de los niños y niñas mexicanas, incluyendo la
educación sexual integral. Poco a poco vamos avanzando, pero de la Ley a la
práctica hay mucho camino por recorrer y el problema es urgentísimo.
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